Supercycler abrió al público el 28 de abril de 2026. Este primer reporte llega hasta el cierre de julio y se concentra en lo que estamos investigando: qué ciclos de luz elige la gente cuando puede elegir cualquiera, y qué pasa en esos cultivos.
Se publica uno por mes.
Cada sección se calcula sobre las zonas que cargaron ese dato, y son subconjuntos distintos: 275 tienen fotoperiodo configurado, 62 describieron su luz, 53 tienen clima evaluado, 49 describieron el sustrato. Sobre 918 zonas activas, siempre es una parte.
Esa parte no es una muestra al azar. Quien conecta sensores, describe su sala y lleva diario es, casi por definición, quien cultiva de forma más metódica. Es razonable esperar que la red completa se parezca menos a estos números que lo que sugeriría el tamaño de cada corte. Cada gráfico aclara sobre cuántas zonas se calcula, y conviene mirarlo.
Junio trajo 427 altas, casi seis veces mayo; julio cerró con 230. Durante julio entraron al menos una vez 306 de los 740 miembros, el 41%.
Abrir una zona y llegar a medirla son cosas distintas: de las 918 activas, 282 tienen equipo conectado, 180 llevan diario y 101 tienen un sensor asignado. El resto del reporte habla de ese subconjunto instrumentado, que es el que deja datos.
El mapa se actualiza todos los días, así que no corresponde a la ventana del reporte: muestra dónde está la red hoy. Agrupamos por ciudad y sólo aparece un punto cuando hay al menos cinco miembros; el punto va al centro de la ciudad, nunca sobre una instalación. Al costado, en cambio, va dato congelado al 31 de julio: qué ciclo de luz corre cada región, que es lo que el mapa no puede contar.
El mapa no pudo cargarse. Los totales por país siguen disponibles en la lista.
Se agrupan las regiones que por separado no llegan al mínimo de casos que publicamos. Base: 272 de las 275 zonas con fotoperiodo; de tres no se pudo determinar la región.
Los datos se muestran agrupados y pueden actualizarse con cierto retraso. Las ciudades o regiones con menos de 5 miembros se agrupan u ocultan. No publicamos la ubicación ni la actividad de ninguna persona.
Acá está el corazón del reporte. Supercycler deja definir un ciclo de luz de cualquier duración, no sólo de 24 horas, y la pregunta que ordena todo lo demás es qué hace la gente con esa libertad.
De los 275 fotoperiodos activos, 152 corren un día distinto de 24 horas.
275 fotoperiodos configurados
207 zonas
65 zonas
La proporción se sostiene en las dos etapas: 57% de las zonas en vegetativo y 54% de las que están en floración corren un día largo. No es un experimento de unos pocos ni algo que se pruebe sólo en una etapa.
Tampoco es un fenómeno local. En el panel del mapa, más arriba, está el mismo corte por región: en el Cono Sur —donde está el 84% de las zonas— el supercycle llega al 53%, pero en Europa del Sur y en el resto del mundo trepa al 67% y al 71%. Con 15 y 28 zonas esas dos cifras son frágiles y pueden moverse mucho el mes que viene, así que conviene leerlas como un indicio y no como una diferencia establecida.
Un fotoperiodo son dos números: cuántas horas de luz y cuántas de oscuridad. Sumados dan el largo del día. Hay 38 combinaciones distintas en uso; estas siete cubren 226 de las 275 zonas y el resto queda agrupado al final:
13 horas de luz y 13 de oscuridad, en un día de 26, es la configuración más usada de la red: 93 zonas. Le sigue el clásico 12/12 con 49 y el clásico de vegetativo 18/6 con 44.
El 13/13 mantiene la proporción mitad y mitad del 12/12 de floración, pero estira el día: cada ciclo entrega una hora más de luz y una hora más de oscuridad. La planta recibe más de las dos cosas sin que cambie la relación entre ellas.
El costo es que el ciclo se desacopla del día solar: al cabo de doce ciclos de 26 horas, la luz se prende de noche. Es la razón por la que un supercycle necesita automatización y no se puede sostener a mano.
207 zonas · el clásico es 18/6
65 zonas · el clásico es 12/12
Acá aparece lo más llamativo del corte. En floración el clásico 12/12 sigue primero, apenas por encima del 13/13 (22 contra 19). Pero en vegetativo el 13/13 le gana al 18/6 por casi el doble: 73 zonas contra 42.
Dicho de otro modo: quien adopta el supercycle en vegetativo no elige alargar el día de luz, que sería lo esperable en esa etapa, sino repartir mitad y mitad y estirar el ciclo entero. El patrón es bastante uniforme, aunque estos datos no dicen por qué se elige así: sólo muestran qué quedó configurado. Es lo que los próximos reportes van a poder empezar a cruzar contra resultados.
Después de 24 y 26 horas la cantidad cae rápido. La cola llega hasta las 56 horas, con una o dos zonas en cada valor: son pruebas individuales, no una tendencia.
Un protocolo es el calendario de tareas del cultivo: qué hacer cada semana según la etapa. De los 172 diarios abiertos, 154 tienen uno asignado. Estos son los más elegidos:
Los cuatro primeros concentran la mayoría y siguen la forma del cultivo antes que ninguna preferencia técnica: uno para vegetativo, dos para floración y uno para autoflorecientes. Detrás aparecen las salas de servicio —madres, clones, germinación, secado—, que son las que usa quien tiene más de una zona.
Los protocolos de técnica y los modificadores todavía casi no se usan: cinco diarios en total entre SCROG, orgánico y el modificador de supercycle 13/13. La configuración del ciclo se hace en la zona, no en el protocolo.
Quien arma su zona en My Lab describe el espacio y las luminarias que tiene. Lo hicieron 62 zonas, que declararon 405 luminarias en total. Es una muestra chica frente a las 918 zonas activas, pero es la mejor descripción de primera mano que tiene la red.
405 luminarias declaradas en 62 zonas
El LED se llevó prácticamente todo: 371 de las 405 luminarias. El sodio, el haluro metálico y el LEC aparecen en tan pocas unidades que ni siquiera alcanzan el mínimo de casos que publicamos por separado, así que van agrupados junto a las que quedaron sin especificar.
Sumando todas las luminarias de cada zona:
El grueso está entre 300 y 600 W, coherente con una carpa de 2 a 4 plantas. Llama la atención el segundo grupo: 18 zonas superan los 1000 W, casi un tercio de las que cargaron el dato. Ponderando por cantidad de unidades, la luminaria promedio es de 170 W, y la potencia total declarada suma 68.677 W.
Sumando todas las zonas que declararon su luz y tienen además un fotoperiodo corriendo, la red maneja 61,5 kW de iluminación bajo control automático, repartidos en 52 zonas. Es el 90% de la potencia declarada: casi toda la luz que la comunidad describió está efectivamente automatizada.
La luz es el primer equipo que se conecta y muchas veces el único: 240 luces principales contra 40 bombas de riego. Tiene sentido junto a la sección 2 —un ciclo de 26 horas no se sostiene a mano— pero muestra que el resto del clima todavía se maneja manualmente.
La escala es la de cultivo doméstico: 872 de las 918 zonas declaran entre 2 y 4 plantas, y sólo 22 declaran diez o más.
Conectar un equipo y automatizarlo son cosas distintas. De los 354 equipos activos, esto es lo que decide cuándo se prende cada uno:
130 equipos siguen el fotoperiodo de su zona —son, casi todos, las luces— y otros 46 responden a un sensor o a un temporizador. Pero 177 equipos, la mitad del total, siguen encendiéndose a mano: están conectados a la plataforma y se los ve desde la app, pero nadie les dio una regla.
Ahí hay un margen grande. Son sobre todo los equipos de clima —ventilación, humidificadores, calefactores— y coincide con lo que va a aparecer en la sección 8: la humedad es justamente lo que más se va de rango.
133 sensores en total. Un mismo aparato suele medir más de una cosa:
Temperatura y humedad de aire vienen juntas en casi todos los sensores y cubren prácticamente el parque. Lo que casi no se mide es el resto: 13 sensores de humedad de sustrato y 10 de CO₂ en toda la red. Sin sonda en el sustrato no hay forma de saber cuánto tomó realmente una planta, y es la razón por la que el corte de riego de este reporte es tan chico.
49 zonas describieron su sustrato en detalle: el medio de base, qué tan activo biológicamente es y qué enmiendas lleva. No todas completaron todos los campos, así que cada gráfico aclara sobre cuántas zonas se calcula. Es el corte más chico del reporte y el más específico.
44 de las 49 zonas cargaron este campo
47 de las 49 zonas cargaron este campo
No hay un medio dominante: turba, mezcla comercial, compost y coco se reparten en partes parecidas. Lo que sí marca una tendencia es la otra mitad del cuadro: el 47% describe su sustrato como vivo o biológicamente activo, contra un 17% que trabaja en inerte.
Sobre esas mismas zonas, cuántas declaran cada enmienda:
Las cuatro primeras son todas biológicas: micorrizas, humus de lombriz, compost y trichoderma aparecen en cerca de la mitad de las zonas que describieron su sustrato. Los minerales de corrección —dolomita, yeso, azomita— quedan bastante más atrás.
Es una comunidad que trabaja el suelo antes que la solución nutritiva, y eso conversa con la sección siguiente: cuando el escáner encuentra un problema, casi siempre es una deficiencia.
Cuando algo se ve raro, el grower saca una foto y el sistema la analiza. En el período hubo 846 escaneos de salud hechos por 167 growers.
Lo que sigue son sospechas, no diagnósticos. El análisis lo hace un modelo de IA sobre una única foto, sin muestra de suelo ni de tejido: acierta lo suficiente como para orientar, no como para confirmar. Los porcentajes describen qué sospechó el sistema, no qué tenían las plantas.
846 escaneos de 167 growers
Casi un tercio de los escaneos no encuentra nada: la planta está bien y la consulta sirvió para descartar. Del resto, el sistema sospechó una deficiencia nutricional en el 49% de todo lo escaneado, muy por encima de las plagas, que juntas son el 8%.
Sobre los 411 escaneos con deficiencia, contando cada vez que un nutriente aparece nombrado en el diagnóstico:
Magnesio y nitrógeno se llevan casi todo. Hay que leerlo con cuidado: de esos 411 escaneos, 266 nombran más de un nutriente —típicamente “nitrógeno o magnesio”—, porque en una foto los dos se parecen; 131 apuntan a uno solo y 14 hablan de deficiencia sin especificar cuál. Los totales de arriba suman más que los escaneos por esa razón.
De los 846 escaneos, 70 terminaron en una plaga: el 8% del total.
Los ácaros son la plaga dominante y por lejos: 46 escaneos, más del doble que los hongos y manchas foliares. Trips, mosca blanca y pulgones aparecen tan poco que van agrupados; por separado ninguno llega al mínimo de casos que publicamos.
Las trampas se fotografían aparte y el sistema cuenta los insectos pegados. Fueron 52 trampas en el período, repartidas en 36 zonas. Acá cada número es un bicho contado, no un escaneo:
Se da vuelta el orden: en las trampas la mosca blanca es la más numerosa con 355 individuos, aunque aparezca en muy pocos escaneos de planta. Son dos cosas distintas y conviene no mezclarlas — la trampa mide lo que vuela en el aire de la carpa y el escaneo mide lo que ya está sobre la hoja. Una plaga voladora satura una trampa mucho antes de que se note en una planta; los ácaros, que no vuelan, casi no caen en las trampas y sin embargo son lo que más se diagnostica.
Un tercio de los conteos de trampa quedó sin identificar: son insectos que el sistema cuenta pero no puede clasificar con confianza a partir de la foto.
No abrimos las plagas por región. Fuera de Argentina ningún país llega al mínimo de casos que exige nuestra regla de anonimato, y publicar “tres zonas con ácaros” en un país chico señala demasiado.
226 growers abrieron 939 conversaciones con el asistente y escribieron 2.532 mensajes. Para saber sobre qué consultan no leemos lo que escribieron: miramos qué herramienta terminó ejecutando el asistente para responder, que es lo que la pregunta pedía de verdad. Fueron 1.538 ejecuciones.
1.538 herramientas ejecutadas · 226 growers
Casi la mitad de las consultas son de estado: qué está pasando ahora en una zona, qué equipos hay, cuándo es el próximo cambio de luz. El asistente se usa sobre todo como un tablero al que se le habla, más que como un consultor agronómico.
El segundo bloque es distinto y vale la pena separarlo: buscar en la documentación. Es la consulta que llega a más growers distintos —119—, aunque no sea la más repetida. Mucha gente le pregunta al asistente cómo se usa la plataforma antes que sobre su cultivo.
Abajo de la lista aparecen las consultas que más nos interesan de cara a los próximos reportes: 33 sobre fertilización, 32 sobre plagas y tratamiento, 26 pidiendo recomendación de hardware y otras 26 para cambiar el horario de luz desde el chat. Son pocas todavía, pero son las que muestran a la IA usada para decidir y no sólo para mirar.
No leemos ni clasificamos el contenido de las conversaciones. Todo este corte sale del nombre de la herramienta que el asistente ejecutó, que es un dato del sistema y no del texto de nadie.
Cada zona tiene dos rangos definidos por su grower: uno ideal y uno crítico. Sobre 6.902 días completos de 53 zonas, así se repartió el tiempo.
Por el tiempo en rango ideal las tres se parecen, alrededor del 40%. La diferencia está en el extremo: la temperatura llega a valores riesgosos el 8% del tiempo y la humedad, el 25%. Se conecta con la sección 4: casi nadie tiene el clima automatizado, y la humedad es justamente lo que más cuesta sostener a mano.
Queda como línea base. Si esa cifra baja en los próximos reportes, la red mejoró, y se puede verificar mes a mes sin esperar ninguna cosecha.
Estar fuera del rango ideal no es estar en problemas: el ideal es el más ajustado de los dos, y salirse de él es estar incómodo. Por eso el gráfico separa la franja amarilla de la rosa.
El 0,7% de VPD crítico no dice que el VPD esté bien: casi nadie configura un rango crítico de VPD, así que casi no hay nada que cruzar. Ese número describe la configuración, no el cultivo.
Todo lo anterior es una foto cerrada al 31 de julio y no cambia más. Lo que sigue es lo contrario: se recalcula todos los días, así que no lleva la misma fecha que el resto del reporte y no sirve para citar el período.
Cada mes reunimos la actividad que quedó registrada en la red: ciclos iniciados, nuevos miembros y registros de cultivo. Las series se mantienen separadas para que cada número responda a una sola pregunta y se pueda leer con claridad.
Cuando una zona está conectada, el sistema puede leer su ambiente, decidir una respuesta y enviarla al equipo correspondiente. Estas cifras muestran cuánto se mide, cuántas acciones se ejecutan y cuántas decisiones se verifican en los cultivos de la red. No son promesas: son registros de actividad.
Promedio de los últimos 30 días. La página se actualiza automáticamente a partir de los registros reales del sistema.
Conectar un equipo transforma una rutina en un proceso que se puede medir y repetir. Desde ese momento, el sistema puede registrar el ambiente, ejecutar acciones y dejar evidencia de lo que pasó.
La pregunta de fondo —si un día de 26 horas rinde distinto que uno de 24— necesita cosechas cerradas y cargadas. Al 31 de julio hay nueve, y una sola con el rendimiento anotado.
| Dato | Cuánto hay | Cuánto haría falta |
|---|---|---|
| Cultivos con fecha de cosecha | 9 | Sólo 2 con fechas consistentes |
| Cosechas con rendimiento cargado | 1 | Unas 30 por grupo para comparar |
| Mediciones de potencia | 0 | La integración existe y todavía no se usó |
| Cierres completos de cultivo | 3 | Es el formato que habilita la comparación |
La causa principal es el calendario: la red abrió el 28 de abril y un ciclo completo tarda más que eso. La primera cosecha con fechas consistentes duró 86 días. Con ese ritmo, los primeros resultados comparables llegan hacia fin de año.
Tampoco publicamos duración media de ciclo: al revisar esos nueve registros aparecieron fechas de cosecha anteriores a la de inicio y cultivos marcados como cosechados que siguen activos.
Mientras tanto ya existe con qué trabajar: dos grupos de tamaño parecido, 152 zonas contra 120, cultivando en paralelo. No es un ensayo controlado —nadie asignó a nadie a un grupo, y las zonas difieren también en luz, sustrato y clima— pero es una base observacional lo bastante grande como para empezar a buscar señales cuando las cosechas lleguen.
Los datos se toman de los cultivos de la red y se agregan antes de publicarse. Estas son las reglas con las que se arma cada reporte.
No se nombra ningún fabricante de equipos, fertilizante, criadero ni protocolo comercial. Qué equipamiento usa la red no es información pública.
Todo lo publicado son totales y promedios, y ningún grupo con menos de cinco casos se abre. Ningún número corresponde a un miembro ni a una zona en particular.
Los datos son al 31 de julio de 2026 y no se modifican después. Las correcciones se publican como fe de erratas fechada.
Cada número proviene de una consulta guardada junto al reporte. Las definiciones y los denominadores están en el anexo de metodología.
Los diagnósticos de la sección 6 son lecturas automáticas de una foto, no un análisis de laboratorio: describen lo que el sistema sospecha, con el margen de error que eso implica.
El corte de ambiente cubre el 75% de los días con rango configurado; en el resto falta el dato que separa “fuera de lo ideal” de “crítico”, porque se empezó a guardar después. Esa cobertura crece en cada reporte.
Quedan excluidos los datos anteriores al 28 de abril, de zonas de desarrollo propias, y las cuentas automáticas que crean las tiendas de aplicaciones al revisar cada versión.
El anexo de metodología tiene la definición de cada número, sobre cuántos casos se calcula y el registro de correcciones.
Para el estado de la red en vivo, en lugar de esta foto de julio, está el tablero, que se recalcula todos los días.
El próximo reporte sale a principios de septiembre. Si querés que te avisemos, escribinos por el formulario de acá abajo.
Esta es la primera foto y funciona como punto de partida. Cada zona que empieza a medir y cada ciclo que se cierra hacen que el número del mes que viene diga algo más.